Horizonte Vivo.
La niña sonrió.
—Quiero ser arquitecta como tú.
Elena se quedó sin palabras.
Se agachó frente a ella.
—Entonces estudia mucho.
—¿Y puedo diseñar edificios tan grandes como tú?
Elena sonrió.
—Puedes diseñar cosas mucho más grandes.
La niña la abrazó.
Elena sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas.
Esta vez no eran lágrimas de dolor.
Eran de felicidad.
Una semana después, Elena recibió una carta.
No un correo.
Una carta escrita a mano.
Reconoció inmediatamente la letra.
Adrian.
La abrió.
Solo había unas pocas líneas.