buenas, hijo.
Él bajó la mirada.
—Tú me diste una familia cuando nadie quería acercarse a mí.
Respiré profundamente.
—Y tú me diste una razón para seguir viviendo cuando pensé que ya no tenía ninguna.
Hoy han pasado dos años desde aquel cumpleaños.
Mi salud está estable.
Michael sigue acompañándome a mis revisiones médicas.
A veces bromea diciendo que debo cuidar muy bien el riñón que me prestó.
Yo siempre le respondo:
—No me lo prestaste, hijo. Me regalaste una segunda oportunidad.
Él sonríe.
Pero ambos sabemos que nuestra historia