por primera vez, encontrando mis ojos con una dignidad desgarradora que me hizo dar un paso atrás.
—Yo no vine buscando venganza, señor Hale —susurró ella con la voz entrecortada—. Vine a buscar las cartas que su padre le prometió a mi madre antes de morir, las pruebas que podían limpiar la memoria de mi familia.
El pulso me retumbaba en los oídos. La revelación amenazaba con desmoronar la imagen del hombre al que siempre había intentado imitar.
—¿Y por qué no dijiste nada antes? —exclamé, sintiendo que el aire