llamaba Julian.
Silencio.
—Después empezó a llamarme papá en la escuela cuando otros niños preguntaban quién iba a recogerlo.
Adrian tragó saliva.
—Le dijimos que podía llamarme como quisiera.
Yo añadí:
—Y sabe que tú eres su padre biológico.
Adrian me miró sorprendido.
—¿Sabe de mí?
—Nunca le mentí.
—¿Qué le dijiste?
—Que su padre vivía lejos de nuestra vida en ese momento y que cuando fuera mayor podría hacer preguntas.
—¿Le dijiste que yo no lo quería?
—Jamás.
Su expresión cambió.
No esperaba eso.
—No necesitaba convertirte en monstruo