sus diseños contigo porque confiaba en ti.
—Y yo confié en Adrian.
—Eso no convierte su decisión en tu culpa.
Empecé a llorar.
—Estoy cansada de que cosas que amaba terminaran en manos de personas a las que no les importaban.
Julian me abrazó.
—Entonces no les demos más.
No dijo:
Yo las protegeré.
Dijo:
No les demos.
Nosotros.
Sin quitarme la responsabilidad.
Sin quitármela también de las manos.
Los fragmentos del brazalete seguían guardados en una caja.
Julian los había visto una vez.
Nunca los tocó sin permiso.
Aquella