Mi exmarido pagó una fortuna por el brazalete de mi madre para regalárselo a otra mujer… y tres años después quiso que volviera con él

intenté ocultar las grietas.

Al contrario.

Las reforcé con líneas visibles de oro rosado.

El concepto se inspiraba vagamente en el kintsugi, aunque aplicado a metal y piedra de una manera completamente distinta.

Los zafiros no volvieron a su posición original.

Los distribuí como si fueran hojas alejándose de una rama rota.

En el centro añadí una pequeña piedra nueva.

No azul.

Verde.

Por Noah.

La pieza se llamó:

Lo que queda también florece.

No la vendí.

Nunca planeaba hacerlo.

Fue presentada en una exposición dedicada a mi madre.

Para