Un día, después de recoger a Noah, se quedó en la puerta.
—Vi la pieza de tu madre.
—¿Cuál?
—La nueva.
Lo que queda también florece.
Asentí.
—Es hermosa.
—Gracias.
—¿Usaste los fragmentos?
—Sí.
Bajó la mirada.
—Yo debería haberlos recogido contigo.
No esperaba aquella frase.
—Sí.
—En lugar de eso me quedé de pie.
—Sí.
—No sé por qué.
Lo pensé.
—Porque todavía creías que el problema era que yo estaba demasiado alterada.
Asintió lentamente.
—Sí.
—Si hubieras aceptado que Lily hizo algo terrible, habrías tenido que admitir que