como si acabara de conocerlo.
Quizá realmente lo estaba conociendo.
Le pregunté a Noah:
—¿Cuánto?
No entendió.
—¿Cuánto dinero?
Mi padre cerró los ojos.
Eso me dio la respuesta antes de escucharla.
—Hasta ahora hemos confirmado once millones ochocientos mil dólares en transacciones cuestionables.
Sentí que el suelo se movía.
—¿Once millones?
—No todos necesariamente son fraude.
—¿Cuánto sí?
—Todavía estamos revisando.
—Noah.
—Aproximadamente siete millones tienen documentación imposible de justificar.
Miré a Ethan.
Doce años.
Yo había trabajado.
Invertido.
Negociado.
Le había prestado contactos.
Y, mientras yo pensaba que