Cinco minutos después de divorciarme, mi padre me obligó a bloquear todas las tarjetas de mi exmarido

en mi cara.

—Exacto.

—Eso no significa que no duela.

—Lo sé.

—No.

La voz se me rompió.

—No lo sabes.

Doce años.

Todos en aquel coche tenían información sobre mi matrimonio que yo no tenía.

Me sentí estúpida.

No por confiar.

Por haber sido la última en descubrir qué vida estaba viviendo.

Noah bajó la cabeza.

—Lo siento.

No respondí.

—Isa.

—No.

—Déjame explicarte algo.

Lo miré.

—Yo no defendía a Ethan porque creyera que era inocente.

—¿Entonces?

—Quería que siguiera hablando conmigo.

Ahí entendí por qué Noah había