cierto.
—Porque pensaba que no era suficiente para ti.
—También.
—Entonces ¿no ves?
Se inclinó.
—Lleva doce años esperando poder decir que tenía razón.
Pensé.
—¿Y eso cambia lo que hiciste?
Ethan se quedó callado.
No.
No lo cambiaba.
Entonces intentó otra vía.
—Vanessa y yo terminamos.
No sentí nada.
Eso fue lo que más me sorprendió.
—Bien.
—¿Eso es todo?
—¿Qué quieres que diga?
—Pensé…
—¿Que me alegraría?
—No sé.
—Ethan.
Respiré.
—No me divorcié porque querías a otra mujer.
»Me divorcié porque dejaste de respetarme mucho antes de