seguir haciendo.
Mi padre me ofreció dirigir la nueva división de inversiones estratégicas.
—¿Por pena?
—No.
—¿Porque soy tu hija?
—Eso te consigue la entrevista.
Sonreí.
—¿Y el puesto?
—Tendrás que ganártelo.
—Bien.
El primer trimestre fue horrible.
No porque no supiera trabajar.
Porque había olvidado cuánto disfrutaba tomando decisiones que no tenían nada que ver con Ethan.
Contratar.
Invertir.
Rechazar propuestas.
Construir equipos.
Volver a tener una identidad que no fuera “la esposa de”.
Los medios al principio me trataban como una mujer divorciada regresando al negocio familiar.
Después