Cinco minutos después de divorciarme, mi padre me obligó a bloquear todas las tarjetas de mi exmarido

empezaron a hablar de resultados.

Eso fue mejor.

Mucho mejor.

Noah y yo tardamos más en arreglarnos.

Seguía enfadada por el secreto.

Él lo sabía.

Una noche apareció en mi oficina con comida.

—¿Puedo entrar?

—Ya estás dentro.

—Buena señal.

Dejó la bolsa.

—Pad Thai.

—Soborno.

—Sí.

Comimos en silencio.

Finalmente dije:

—No vuelvas a hacerme eso.

—No lo haré.

—Aunque papá te lo pida.

—Está bien.

—No quiero enterarme de mi propia vida cuando ya todos tienen un expediente.

Noah bajó la cabeza.

—Lo siento.

—Sé que intentabas ayudar.