quería cómo me miraba.
Asentí.
Lo entendía.
—Tú dejaste de mirarme así hacía mucho.
—Porque te conocía.
Sonrió tristemente.
—Exacto.
Después preguntó:
—¿Alguna vez habría podido salvar el matrimonio?
Pensé mucho antes de responder.
—Sí.
Sus ojos se levantaron.
—¿Cuándo?
—Antes de Vanessa.
Respiré.
—Antes del fraude.
»Antes de que yo contratara abogados.
»Hubo años en los que podrías haberme dicho:
“Me estoy convirtiendo en alguien que no me gusta.”
—No lo sabía.
—Ese fue el problema.
Silencio.
—¿Y después?
—Después ya no.
Asintió lentamente.
—Lo imaginaba.
Cuando nos levantamos,