tensaron.
Quería marcar territorio. Era infantil y cruel.
Después de perder el trabajo empecé terapia. No te escribo para que me perdones. Solo quería dejar de justificarme.
Cerré el teléfono.
No respondí aquella noche.
Una semana después escribí:
Gracias por decirlo. Espero que te vaya bien.
Eso fue todo.
No quería una amiga.
Tampoco una enemiga permanente.
Con Adrian fue más difícil.
Seguíamos cruzándonos por el proyecto.
Una tarde, después de una reunión presencial en San Francisco, empezó a llover.
Todos se fueron.
Yo esperaba un coche.
Adrian apareció bajo