que te acostaste con ella.
Asintió lentamente.
—Lo sé.
—Bien.
—Ahora lo sé.
Esa diferencia importaba.
—¿Te arrepientes?
Preguntó.
—¿De qué?
—De terminar.
Pensé.
—No.
Su cara no cambió.
Pero sus manos sí.
—¿Nunca?
—A veces extraño cosas.
—¿Qué cosas?
—Domingos.
»Café.
»Tu madre.
»Tu forma de odiar películas musicales.
Sonrió.
—Son terribles.
—Sigues equivocado.
—Eso no responde.
—Extrañar algo no significa querer volver.
Adrian asintió.
—Lo sé.
—¿Tú?
—¿Me arrepiento?
—Sí.
Soltó una risa sin humor.
—Todos los días.
—Eso suena poco saludable.
—Mi terapeuta dice algo parecido.
—Entonces