Mi prometido llevó a su asistente a una cena y ella me arrojó vino encima. Él pensó que mi ruptura era otra escena de celos hasta que desaparecí de su empresa y de su vida

joven.

—Y estúpida.

—Papá.

—Te amo.

—Eso no arregla la frase.

—Funciona con tu madre.

Mi madre, desde el sofá:

—No funciona.

En mi primer discurso como presidenta dije algo que muchas personas interpretaron como una reflexión empresarial.

Lo era.

También era personal.

—El mayor riesgo de una organización no siempre es perder una persona importante.

Dije.

—A veces es convertir a alguien en imprescindible hasta el punto de dejar de escucharlo.

La sala quedó silenciosa.

—Cuando asumimos que un empleado, un socio o una persona siempre estará allí, empezamos