años pensé que aquel objeto representaba intimidad violada.
Después dejó de significar tanto.
—Creo que porque alguna vez fueron importantes.
—¿Las vas a tirar?
Pensé.
—No.
—¿Usarlas?
—Tampoco.
—Entonces…
—Guardar algo no significa querer volver.
Mia suspiró.
—Eres insoportablemente equilibrada.
—Eso cuesta terapia.
A los treinta y cinco años me convertí en presidenta de la división occidental de Shaw Industries.
Mi padre me llamó a su despacho.
—¿Recuerdas cuando dijiste que trabajar en la empresa de tu novio era mejor que venir aquí?
—No.
—Mentirosa.
—Era joven.
—Tenías veintiocho.
—Muy