Respetuosa.
Sin puertas escondidas.
Tiempo después Sophie reapareció una última vez.
No para pedir perdón.
Ya lo había hecho.
La vi en una conferencia.
Trabajaba en comunicación corporativa.
Había cambiado.
No físicamente.
En la mirada.
Se acercó.
—Natalie.
—Hola.
—No sé si debería…
—Puedes saludar.
Sonrió nerviosa.
—Te ves bien.
—Tú también.
Silencio.
—Me casé.
—Felicidades.
—Gracias.
Después soltó una risa.
—Con un profesor.
—¿Y?
—Me obliga a resolver mis propios problemas.
Me reí.
—Sano.
—Terrible al principio.
—Me imagino.
—A veces pienso en aquella noche.
Dijo.
—Yo no mucho.