Pareció sorprendida.
—¿No?
—No.
—Yo sí.
—¿Por culpa?
—Por vergüenza.
Asentí.
—Eso también pasa.
—Pensé que quería a Adrian.
Me miró.
—Ahora creo que quería ganar.
—¿Contra mí?
—Sí.
—Eso suele parecerse al amor cuando una persona es muy joven y muy insegura.
Sophie respiró.
—¿Me perdonaste de verdad?
Pensé.
—Hace mucho.
Sus ojos se humedecieron.
—Gracias.
—No lo hice por ti.
Sonreí.
—Pero puedes beneficiarte igual.
Ella se rio.
Nos despedimos.
Aquel día entendí que ninguno de nosotros seguía siendo quien había estado en aquella cena.
Eso era bueno.