horas antes me había parecido la respuesta a todos nuestros problemas futuros.
Ahora entendía que si hubiera contado la noticia antes de que Daniel llegara, quizá jamás habría visto aquella escena.
Patricia me habría abrazado.
Kevin habría guardado el teléfono y me habría llamado hermana.
Daniel habría dicho que nuestra suerte había cambiado.
Quizá habríamos celebrado.
Quizá me habría casado cuarenta y ocho horas después con un hombre que ya había tasado la casa de mis padres sin mi permiso.
El boleto no me había hecho afortunada todavía.
El verdadero