pueda decidir que se lo queda.
Otra frase que me acompañaría durante años.
Salí de la oficina sintiendo que había envejecido y madurado al mismo tiempo.
Daniel estaba esperando frente a mi edificio cuando regresé.
No sé cuánto llevaba allí.
Parecía cansado.
—Necesitamos hablar.
—No.
—Laura.
—Ya hablamos.
—No. Tú me echaste y bloqueaste a todos.
—Después de que intentaron echarme de mi casa.
—No intentamos echarte.
—Mis cosas estaban metidas en cajas.
—Mi madre se adelantó.
—¿Y eso mejora algo?
Daniel se pasó una mano por el cabello.
—La