Dos días antes de casarme gané la lotería. Esa noche mi prometido quiso regalarle mi casa a su hermano

patrimonio personal.

—Nunca dije que fuera mío.

—En el banco sí.

Su cara perdió el color.

Levanté una copia de la solicitud.

—“Futuro copropietario.”

Daniel miró el documento.

—Eso era solo para iniciar el trámite.

—¿Iniciar qué trámite?

—Una posibilidad.

—¿Que yo ya había aceptado?

—Pensaba hablarlo contigo.

Me reí.

—¿Cuándo? ¿Después de que la familia de Melissa midiera los dormitorios?

—Laura, no hagas un drama.

Aquellas palabras terminaron de cambiar algo.

No porque fueran especialmente crueles.

Porque eran familiares.

Siempre que yo finalmente reaccionaba a algo que llevaba tiempo