Dos días antes de casarme gané la lotería. Esa noche mi prometido quiso regalarle mi casa a su hermano

contra de lo que quería para evitar un conflicto.

Asentí.

Helen no necesitó decir nada más.

El problema no era únicamente lo que Daniel pidió.

Era la dinámica que yo misma había ayudado a construir.

Yo nunca decía claramente que algo me molestaba hasta estar agotada.

Pagaba.

Ayudaba.

Cedía.

Después esperaba que todos notaran cuánto estaba haciendo.

Y cuando no lo hacían, me sentía utilizada.

Eso no justificaba a los Carter.

Pero sí significaba que yo necesitaba aprender a poner límites antes de llegar al punto de sacar a alguien