Dos días antes de casarme gané la lotería. Esa noche mi prometido quiso regalarle mi casa a su hermano

nunca comienza con una gran amenaza.

Empieza con una pequeña renuncia.

Después otra.

Después otra.

Y cuando finalmente aparece una petición enorme, todos llevan años acostumbrados a que tú seas quien cede.

Dos años después de nuestra ruptura encontré a Patricia en un hospital.

Yo visitaba a una amiga.

Ella estaba esperando una consulta.

Nos miramos.

Por un instante pensé en seguir caminando.

Pero se levantó.

—Laura.

—Patricia.

Parecía mayor.

No muchísimo.

Pero había perdido algo de aquella energía dominante que siempre había llenado cualquier habitación.

—Te ves bien.

—Gracias.