fondo en memoria de mis padres para financiar asesoría legal y financiera a mujeres que necesitaban salir de situaciones económicamente abusivas.
No todas las historias eran como la mía.
Algunas eran peores.
Mucho peores.
Mujeres cuyos salarios eran controlados.
Propiedades puestas a nombre de otros.
Deudas contratadas sin entenderlas.
Parejas que exigían contraseñas bancarias como prueba de amor.
Cada vez que escuchaba:
“Me dijo que si confiaba en él debía firmar”,
recordaba a Daniel.
No porque él hubiera llegado tan lejos.
Sino porque ahora entendía el camino.
El control casi