“¡Papá, por favor, no llames al 911! Yo no hice nada.” Mi hermana lloró, él le creyó y dejó que la policía me esposara frente a toda la familia. Pasé 18 meses en prisión sin recibir una sola visita. El día que salí, no fui a casa: acepté una carpeta de mi abogado. Dentro había una grabación que mi padre jamás imaginó que seguía existiendo.

vez.

—¿Estás lista para encontrarlos? —preguntó Tomás.

Cerré la carpeta.

—Ellos no quisieron venir aquí.

—Entonces, ¿dónde quieres verlos?

Tomé un sorbo de café.

—En un tribunal.

Pero antes de arrancar, Tomás sacó una memoria USB del bolsillo.

—Hay algo más.

La conectó a su computadora.

En la pantalla apareció un archivo de video recuperado del servidor de la casa de mi padre.

Fecha: la noche de mi arresto.

Hora: 8:52 p. m.

Renata entró al despacho.

A las 8:57 apareció Santiago con una computadora portátil.

Diez minutos