y sostuvo la mano de mi padre.
Cuando escuchó que pasaría 18 meses en prisión, bajó la cabeza.
Los demás vieron a una hermana destrozada.
Yo vi alivio.
Nadie me visitó.
Ni una vez.
Mi madre regaló parte de mi ropa.
Santiago empezó a usar mi camioneta.
Renata apareció en fotografías de eventos benéficos llevando las perlas de mi abuela.
Mi padre mandó vaciar mi departamento.
En prisión aprendí a volverme pequeña.
Trabajé en la biblioteca, ayudé a otras mujeres a entender documentos legales y leí expedientes hasta que me