ardían los ojos.
Una tarde, Marisol, una interna de cabello gris y mirada afilada, dejó una carpeta frente a mí.
Había trabajado durante años investigando fraudes corporativos.
—Tú no lees números —me dijo—. Tú los escuchas.
Sonreí por primera vez en meses.
Marisol me enseñó a buscar sociedades fantasma, facturas duplicadas, metadatos alterados y movimientos que parecían normales hasta que
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alguien sabía dónde mirar.
Y yo sí sabía dónde mirar.
Porque había diseñado gran parte del sistema contable de Grupo Salgado.
Seis meses antes de recuperar