trofeo. Lo entregó solamente porque habían convertido su capacidad para leer en un tema de discusión.
Funes miró el documento y se acomodó la corbata.
—Un título no demuestra que mi cliente falsificara nada.
—Tiene razón —respondió ella.
La respuesta lo dejó sin la pelea que esperaba.
Adriana explicó que había terminado sus estudios antes de que su padre enfermara. Dejó una oportunidad en un despacho para cuidarlo, convencida de que podría regresar al año siguiente.
Después llegó el juicio contra la pequeña empresa familiar. Montiel reclamó pagos y propiedades