otros se acercaron para contar lo que habían callado.
Una compañera, Lidia, encontró a Adriana llorando junto al cuarto de materiales.
No preguntó por el juicio. Le acercó una silla y se quedó con ella durante el descanso.
Adriana comprendió que llevaba años buscando reconocimiento en personas que apenas la miraban, mientras aquella mujer sabía cuándo no había comido y qué turno le convenía cambiar.
La investigación avanzó con documentos recuperados, registros y declaraciones que ya no dependían solamente de su testimonio. El asistente de Montiel terminó reconociendo la entrega