en la garganta.
Escribió que el silencio fue más difícil de lo que había imaginado.
En la segunda carta, escribió que nuestra hija le había comentado que el techo de la casa donde me alojaba tenía goteras y que se había pasado media noche en vela queriendo enviarme más dinero directamente, sabiendo que yo lo rechazaría si supiera que venía de él.
En la tercera, la letra comenzó a temblar.
Admitió haber preguntado dos veces al gerente del banco si la tarjeta se había utilizado y haberse sentido aliviado y