la mirada hacia las ventanas del edificio.
—Intentando recuperar algo que vale más que cualquier edificio que pueda construir.
—Si no vienes, perderemos esta oportunidad.
—Pues la perderemos.
Colgó.
Durante unos segundos permaneció inmóvil.
Después bajó del coche, cruzó la calle y pulsó el timbre.
—¿Sí? —respondió Naomi.
—Soy Preston.
Hubo una larga pausa.
Finalmente, la puerta del portal se abrió con un zumbido.
Cuando llegó al tercer piso, Naomi lo esperaba en la puerta.
Tenía ojeras, el pelo recogido y llevaba una camiseta sencilla.
Pero conservaba aquella misma mirada