mujer. Yo estaba en casa cuidando de nuestros gemelos de seis meses, los dos con fiebre. Unas horas antes me había dicho que cuidar de ellos era «lo que hacen las madres». No lo llamé para pedirle explicaciones. Llamé a mi madre. Antes de marcharme, dejé mi alianza junto al regalo de su amante y escribí una frase que él no podría justificar de ninguna manera.
Llevaba un abrigo desgastado, unas zapatillas viejas y el pelo recogido a toda prisa. A su lado había dos niños idénticos, de ojos oscuros