desde dentro:
—¡Papá!
Y aquello bastaba para recordarle qué clase de hombre quería llegar a ser.
Casi un año después de aquel primer encuentro en la panadería, los cuatro regresaron al mismo establecimiento.
Frank reconoció inmediatamente a Preston.
Esta vez fue Theo quien colocó cuatro cruasanes de chocolate sobre el mostrador.
—¡Hoy invita papá! —anunció orgulloso.
Frank sonrió.
—Entonces voy a cobrarle los cuatro.
—Por supuesto —respondió Preston.
Naomi soltó una carcajada.
Mientras los niños discutían sobre cuál de los dos tenía más chocolate, Preston dejó unas monedas sobre el