telescopio recién instalado, recordó algo que había dicho años atrás.
La ciencia nos enseña que, incluso después de la noche más oscura, puede llegar la luz.
Por primera vez en mucho tiempo, aquella frase también describía su propia vida.
Preston no recuperó automáticamente el amor de Naomi.
Ni siquiera se lo pidió.
Había comprendido que el perdón no era un negocio que pudiera cerrarse con una firma.
Algunas heridas necesitaban tiempo.
Otras quizá nunca desaparecerían.
Pero todos los sábados, cuando llamaba al timbre del pequeño apartamento, escuchaba dos voces gritando