EL NOMBRE QUE NUNCA ME DIERON KARA

colgaban sobre el escenario mostraban la historia de generaciones de oficiales que nos habían precedido.

Cientos de aspirantes a oficiales estábamos sentados en filas perfectamente ordenadas.

Nuestros uniformes estaban impecablemente planchados.

Nuestros zapatos, perfectamente lustrados.

Y nuestras espaldas, completamente rectas.

A pesar de la emoción que llenaba la sala, manteníamos la disciplina que habíamos aprendido durante meses de entrenamiento.

Sobre mis rodillas descansaba la carpeta con mi nombramiento como oficial.

Pasé el pulgar por uno de sus bordes, sintiendo la textura de la cubierta.

Había imaginado aquel momento muchísimas veces.