Conmoción en la fiesta de la empresa, compromiso con la hermanastra y adquisición del 90 por ciento de las acciones.

pulmones.

Los papeles quedaron esparcidos por todo el piso. Sandra se acomodó el cuello de su abrigo fino, me apuntó con un dedo huesudo que le temblaba de ira y me escupió en la cara:

—¡Métetelo bien en la cabeza! ¡Jamás en tu perra vida vas a usar a ese chamaco para quitarle la lana ni para controlar a mi hijo!

El silencio que cayó sobre la sala fue absoluto. Asfixiante.

La recepcionista se había levantado tras el mostrador con la boca abierta y las manos en la cabeza. Una