Mi hijo me internó en una residencia de ancianos para vender mi casa, hasta que su plan fracasó.

mordisco al sándwich—. Vanesa y yo ya estuvimos viendo un folleto de una casa de retiro a las afueras. Es sencilla, pero estarás bien cuidada. El viernes te traigo al valuador y a una abogada amiga de Vanesa para que firmes el poder notarial; así yo me encargo de toda la venta y tú no te estresas con trámites a tu edad.

Claro, hijo —le respondí con una calma que hasta a mí me sorprendió—. Es más, ¿por qué no vienen a cenar el próximo domingo tú y Vanesa? Así