siguiente, mientras él estaba en una reunión, subí mi pequeña maleta a un triciclo motorizado que mi madre había enviado desde el pueblo.
Cuando Ethan regresó aquella noche, yo ya había desaparecido.
Durante los días siguientes mi antiguo teléfono se llenó de mensajes.
“¿De verdad huiste? Cuando te encuentre, vamos a hablar seriamente.”
Después:
“Envíame tu ubicación. Dejemos de comportarnos como niños.”
Dos días más tarde:
“Nora, contéstame.”
Y finalmente:
“Cariño, me equivoqué. Vuelve. No me dejes así.”
Pero para entonces yo ya estaba a cientos de kilómetros, ayudando a