buscó una excusa inmediata para su hija.
—Emily, perdóname —murmuró—. Durante años dejé que cargaras con responsabilidades que eran mías.
Aquella disculpa llegó demasiado tarde para cambiar el pasado.
Pero la necesitaba.
—La quise muchísimo —susurré.
Rachel empezó a llorar.
—Lo sé.
—Y todavía me cuesta aceptar que todo haya terminado así.
Mi hermana me tomó la mano.
—No tienes que perdonarla.
No respondí.
Porque lo que necesitaba no era decidir si algún día podría perdonar a Sophie.
Era aprender a vivir sin seguir organizando mi existencia alrededor de ella.