LA CRIÉ COMO SI FUERA MI HIJA… Y CATORCE AÑOS DESPUÉS LA ENCONTRÉ BESANDO A MI MARIDO EN EL AEROPUERTO

del país. ¿Es verdad?».

Respondí:

«Sí».

El teléfono volvió a vibrar.

«¿Volverás algún día?».

Observé a los pasajeros caminar hacia las puertas de embarque.

Parejas abrazadas.

Familias despidiéndose.

Niños que corrían arrastrando maletas demasiado grandes para ellos.

Recordé la mañana de octubre en que había ido a aquel mismo aeropuerto para recoger a mi marido.

Entonces había visto a dos personas besándose y había sentido que mi vida terminaba.

Ahora estaba allí para comenzar otra.

Escribí:

«Tal vez vuelva a visitar a mi familia. Pero no volveré a nuestra vida».