irritado.
—Emily, últimamente conviertes cualquier cosa en un problema.
Lo miré mientras se ajustaba la corbata.
Durante años había confundido aquella forma de hablarme con el cansancio de un hombre ocupado.
Ahora reconocía la impaciencia de alguien acostumbrado a que nadie lo contradijera.
—Entonces tendrá que esperar —respondí.
Se marchó sin despedirse.
A las diez estaba sentada frente a Olivia.
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