fuera fuerte.
Porque no tenía tiempo.
Toda mi energía se la di a mi hijo.
Y a mi cámara.
Fotografié cada etapa de Noah.
Su primera sonrisa.
Su primer diente.
Sus primeros pasos.
La primera vez que me dijo:
—Mamá.
En mi lente, siempre estuvo él.
Mi luz.
Mi razón.
Noah creció siendo demasiado inteligente y demasiado considerado para su edad. Nunca pedía juguetes caros. Nunca hacía berrinches. Cuando otros niños corrían en parques de diversiones, él se sentaba en mi estudio y me ayudaba a ordenar telas, fondos y