oscuros, limpios, demasiado parecidos a los de Alexander.
—Mamá, no estés nerviosa.
Me arrodillé frente a él y alisé una arruga inexistente en su camisa.
—Mañana es importante para ti.
Pausa.
—Y también para mí.
Noah no entendió del todo, pero asintió.
—¿Me vas a tomar fotos?
—Por supuesto.
Le acaricié el cabello.
—Voy a fotografiar el momento más importante de tu vida.
Y también el de otra persona.
Cuando Noah se durmió, abrí una caja que llevaba años guardada.
Dentro estaban mi foto de bodas y el acuerdo de