en la mano de Alexander, pero él se había quedado sin voz.
El director, pensando que se trataba de emoción, se acercó con una sonrisa.
—Señor Shaw, ¿quiere decir unas palabras al representante estudiantil?
Alexander parpadeó.
Tardó demasiado.
Un segundo más de lo normal puede parecer nada.
Pero yo conocía ese rostro.
Conocía sus silencios.
Conocía la forma en que se recomponía cuando algo amenazaba con sacarlo de control.
Finalmente, inclinó la cabeza hacia Noah.
—Felicidades.
Su voz salió baja.
Ronca.
Noah, educado como siempre, respondió:
—Gracias, señor Shaw.
Señor