bajo, solo para mí:
—Esto no termina aquí.
Me detuve.
No giré.
—Lo sé.
Luego tomé a Noah de la mano y caminé hacia el fondo de fotos.
El fotógrafo de la escuela intentó colocarnos junto al decorado.
—¿Solo ustedes dos?
Noah respondió antes que yo:
—Sí. Mi mamá y yo.
Solo eso.
Mi mamá y yo.
La frase fue tan simple que me atravesó.
Nos colocamos frente al fondo.
Noah me abrazó por la cintura.
Yo rodeé sus hombros.
La cámara disparó.
Clic.
A unos metros, Alexander observaba.
Esta