madre —dije.
Victoria sonrió.
—Claro.
El silencio que siguió fue breve, pero incómodo.
Noah apareció entonces a mi lado.
—Mamá, la maestra dice que podemos tomarnos fotos familiares.
Su mirada fue hacia Alexander y Victoria.
Educado como siempre, inclinó la cabeza.
—Buenas tardes.
Alexander lo miró como si el mundo se hubiera reducido a ese niño.
—Buenas tardes —respondió.
Su voz casi se quebró.
Noah frunció apenas el ceño.
Los niños perciben lo que los adultos creen esconder.
—Mamá, ¿vamos?
—Sí.
Pasé junto a Alexander sin tocarlo.
Pero él dijo,