amiga desde hacía años, ya me esperaba con una carpeta impecable sobre la mesa.
—¿Estás lista?
—No.
—Perfecto. Nadie está listo para enfrentarse a un exmarido multimillonario que acaba de descubrir que tiene un hijo.
—Gracias por el ánimo.
—Para eso me pagas.
Alexander llegó puntual.
Con dos abogados.
Claro.
Entró con la misma energía con la que entraba a las salas de juntas: controlando el espacio antes de sentarse.
Pero al verme ya instalada, con mis documentos ordenados y Clara a mi lado, algo en su expresión cambió.
Ya