me amaste. Y lo único que hiciste fue ofrecerme dinero para que dejara de “dilatar” tu salida.
Su mirada bajó.
Solo un segundo.
—No sabía que estabas embarazada.
—No. No lo sabías. Pero sí sabías que yo estaba rota. Y no te importó.
—Eso fue entre tú y yo.
—Exacto. Y decidí que mi hijo no empezaría su vida siendo una nota al pie en tu historia con otra mujer.
Alexander apretó los puños sobre la mesa.
—Me quitaste diez años.
Sentí que algo se encendía dentro de mí.
No