en distintas edades.
Alexander se quedó mirando esa pared.
Su rostro cambió.
Allí estaba su hijo en versiones que él nunca conoció.
Bebé con gorro azul.
Niño de tres años con las manos llenas de pintura.
Primer uniforme escolar.
Sonrisa sin los dos dientes delanteros.
Cumpleaños número siete.
Noah dormido sobre una pila de libros.
Cada fotografía era una prueba.
No de ADN.
De ausencia.
Alexander entró despacio, como si temiera que el lugar lo expulsara.
—Tú hiciste todo esto.
—Sí.
Se acercó a una foto de Noah con cinco